Leer únicamente para obtener información ya no tiene sentido. Hoy esa información está disponible en múltiples formatos —vídeos, artículos breves, hilos, podcasts— y suele llegar incluso más rápido y más simplificada que en un libro. Pero leer es otra cosa. Es un proceso más profundo, casi existencial, en el que al llegar a la última página no solo sabemos algo nuevo: somos alguien distinto.
Cuando un libro es bueno, no solo te transmite datos, sino que te transforma. Te ayuda a mirar el mundo con otros ojos, a comprender mejor a los demás, a empatizar con realidades que no son la tuya y a reconocer lo pequeños que somos frente a la inmensidad del conocimiento humano. La lectura ensancha la mirada, abre mundos y, poco a poco, nos hace mejores personas.
Por eso leer sigue teniendo sentido, incluso más que nunca. No por la información, sino por la transformación.
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