Todos los domingos se escucha la flauta de pan de cañas, proveniente de aquel hombre que jamás se alcanza. La velocidad de sus dos ruedas deja el deseo de alguna vez enfrentarlo con los cuchillos empuñados y hambrientos. Hemos estado atentos como familia, pero él cruza las calles en diferentes direcciones, entre Thompson y Ramírez. Mientras se acumulan frágiles filos desde la ventana del tercer piso, nos deja las ganas de volar y atraparlo. Dicen que es el único de la ciudad. Desconocemos su rostro. Sólo sabemos que es nombrado como el afilador de cuchillos, el inalcanzable.
FRANKIE EN IQUIQUE, Juan José Podestá Barnao, 33 años, Iquique