Testimonio pampino

Humberstone
Los hermanos Ociel y Reinaldo Fernández vivieron su niñez y juventud en la oficina Santiago Humberstone. Su testimonio de vida en esta salitrera refleja la añoranza y el cariño de miles de pampinos que están repartidos por todo Chile.

Los hermanos Fernández fueron testigos de los últimos días de la salitrera. “Cuando nos fuimos le pusimos el candado a la oficina”, recuerdan con cariño.

Ociel Fernández califica su infancia como una etapa bonita donde “nosotros hacíamos los juguetes y las pelotas eran de trapo. Había tres piscinas una chica, otra  mediana y la más grande, ojalá alguna vez la llenen para que pese a los años volvamos a meternos y demostrar que en Humberstone éramos buenos nadadores”.

Catorce fueron los hermanos Fernández que vivieron en la casa 26 de calle Michimalongo. Dicho inmueble sigue en pie. Reginaldo afirma que “cuando la familia empezó a crecer, la compañía nos cambió a la calle Sargento Aldea”.

La plaza de Humberstone era el centro de la actividad social. “a través de parlantes escuchábamos mambos que bailábamos entre amigos, porque a las niñas no les daban permiso y cuando ya estábamos más grandes recién podíamos ir a los bailables en el hotel. Pero igual había que pedir permiso a las mamás de las niñas para sacarlas a bailar”.

Estos pampinos comenzaron a trabajar a los 15 años limpiando los camarines y tras bambalinas del teatro, o pegando afiches de los estrenos cinematográficos. Su labor se fue ampliando a boletero y también fueron “cojos” es decir, estaban encargados de colocar los rollos de película para todas las funciones.

“Salíamos del teatro a las once de la noche y la camanchaca no nos dejaba ver”.

En 1960 cuando la oficina Humberstone dejó de funcionar, la familia Fernández emigró a Antofagasta.

“Pero nunca nos olvidamos de la pampa, de la vida solidaria, de ese estilo especial que nos marcó a todos”.