Huara, en medio del desierto

Huara fue fundado después de la Guerra del Pacífico a partir de una estación se ferrocarril. Este poblado se transformó en un gran centro comercial y recreaciones para las decenas de oficinas salitreras que existían en la zona.

HUARA-IGLESIA

El investigador Sergio González indica que “es posible que el primer eje articulador de Huara haya sido un “tambo”, es decir, como un lugar de descanso o intercambio comercial”.
Se supone que los trabajadores bajaban por la quebrada de Tarapacá en dirección a la pampa salitrera.
González explica que “es posible advertir vestigios de ese pasado glorioso de Huara, observando diversas obras que han perdurado hasta hoy, tales como la calle de la Estación, la Botica Libertad, la casona de dos pisos que aún existe frente a la carretera, la iglesia parroquial y la estación del Ferrocarril que fue levantada en 1885 para unir las redes existentes al norte y al sur de este poblado”.
El problema de Huara siempre ha sido la fluctuación de sus habitantes. Todo dependía de la actividad salitrera. En promedio los libros establecen una población de 3.000 habitantes.
Su periodo de mayor actividad ocurrió en 1895, diez años después de su fundación. En esa época hubo 7.7730 personas.

Botica Libertad

La botica de Huara data del año 1800. En ese tiempo el negocio se llamaba “Botica de la Cruz Roja” y se encontraba en la oficina salitrera de Negreiros, pueblo que existía a unos pocos kilómetros al norte de Huara.
El negocio pertenecía a una cadena de farmacias del mismo nombre, pero que poseía diferentes propietarios.
Luego de varias décadas la farmacia de Huara pasó a manos de Francisco Berttini. Más tarde fue adquirida por Francisco Saavedra Céspedes, boticario que comenzó como aprendiz y luego amasó una pequeña fortuna que le permitió comprar el negocio.
BOTICA-TRASTIENDA
En 1935, la Botica “La Cruz Roja” salió a remate. Fue adquirida por la familia Saavedra y en 1944 la trasladaron en su totalidad a Huara.
Francisco Saavedra contrajo matrimonio en 1937 con Manuela Rivera. Ellos tuvieron una hija, Eliana. El boticario enviudó y luego se casó en segundas nupcias con Roberta Ríos.
La particularidad de la botica es que en el mismo lugar se preparaban los medicamentos, cremas y perfumes. Para eso utilizaban un laboratorio tras la tienda que contaban con todos los instrumentos necesarios, como balanzas, mortero de mármol, tubos de ensayo, moldes para preparar píldoras, supositorios y tabletas.
Francisco Saavedra atendió su farmacia hasta 1982, fecha en que falleció. Durante años el recinto permaneció cerrado hasta la familia decidió venderlo a la municipalidad en 1995, año en que se convierte en un museo.
Actualmente constituye uno de los principales atractivos histórico-turísticos de la comuna y visita obligada para quienes buscan conocer el pasado salitrero.