Lo que Einstein y Feynman tenían en común (y que puedes aplicar hoy)

Cuando pensamos en genios, tendemos a imaginar mentes que solo piensan en su campo: el físico que solo habla de física, el matemático que solo resuelve ecuaciones. Pero la historia real de las mentes más brillantes del siglo XX cuenta una historia diferente.

Terminé de leer la biografía de Einstein y esto me dejó algunas ideas dando vueltas.

No eran los más inteligentes del salón

Albert Einstein y Richard Feynman tenían algo en común que raramente aparece en sus biografías populares: no eran necesariamente los más brillantes en términos técnicos. Tenían mentores que los superaban en ciertas áreas. Su coeficiente intelectual era extraordinario, pero no era el único factor de su genialidad.

Lo que los diferenciaba era la amplitud deliberada de sus intereses fuera de la física.

Einstein y la música

Einstein tocaba el violín con pasión. No como hobby superficial, sino como práctica seria y regular. Según sus propios relatos, en los momentos en que un problema físico lo tenía bloqueado, se sentaba a tocar y frecuentemente la solución llegaba durante o después de la música.

La razón, hoy comprendida desde la neurociencia, es que los mismos circuitos del cerebro que procesan la estructura musical procesan la estructura matemática. La música era para Einstein una forma de pensar en otro idioma.

Feynman y la curiosidad sin fronteras

Richard Feynman, Premio Nobel de Física en 1965, era conocido por sus excursiones intelectuales fuera de la física: tocaba los tambores de bongo en bares de jazz de Albuquerque, aprendía a abrir cajas de seguridad solo por el placer del problema, estudiaba hipnosis, analizaba cómo funcionaban los sueños y dibujaba desnudos en una galería de arte de Pasadena.

Feynman creía que esos intereses cruzados le ayudaban a formar analogías, a unir conceptos de campos distintos y a encontrar intersecciones donde otros no veían conexión.

La encrucijada como método

Lo que Einstein y Feynman practicaban inconscientemente hoy se estudia en la ciencia de la creatividad como «intersección de dominios«: la capacidad de tomar una idea de un campo y aplicarla a otro.

Las innovaciones más importantes de la historia raramente vienen de dentro de un campo. Vienen de los márgenes, de los bordes donde una disciplina toca a otra. Darwin aplicó economía a la biología. Steve Jobs aplicó caligrafía al diseño de tipografías de computadores.

Cómo aplicarlo

No necesitas ser Einstein. El principio funciona a cualquier escala. Si trabajas en comunicaciones, aprender sobre psicología cognitiva te hará mejor comunicador. Si trabajas en gestión, estudiar historia te dará perspectiva que los análisis de coyuntura no pueden dar.

La pregunta práctica para hoy es: ¿qué campo completamente diferente al tuyo podrías explorar este mes? No para hacerte experto, sino para que tus dos mundos se hablen.

Así surgen grandes ideas.

Libros pendientes: mi guía para elegir qué leer ahora

Sugerencia de escritura del día
¿Qué libros te gustaría leer?

Son libros que llevo tiempo dejando pendientes. Son libros que les debo un espacio en mi tiempo.

Entre ellos tengo Moby Dick y otros clásicos que siempre he querido experimentar en su forma original. También está El conde de Montecristo, una novela que me intriga especialmente por todas las versiones cinematográficas que existen. Siempre me pregunto si alguna se acerca realmente al espíritu del libro. Para resolverlo, solo hay un camino: leerlo.

Otro libro que tengo en espera es Orgullo y prejuicio. Después de ver varias adaptaciones, tengo curiosidad por descubrir qué matices y emociones ofrece el texto original de Jane Austen que no aparecen en pantalla.

También tengo pendiente la biografía de Bill Gates. Me interesa entender qué factores marcaron su infancia y su camino hacia el éxito. Me pregunto qué decisiones, circunstancias o hábitos hicieron que su historia fuese tan distinta de la de tantas otras personas con aspiraciones parecidas.

Y cuando quiero avanzar sin prisa, recurro a la antología de cuentos de Isaac Asimov, que leo poco a poco. Cuando la lectura principal se vuelve densa, tomo uno de sus relatos para despejarme. Me gusta porque en esos cuentos se ve la semilla de muchas de sus grandes obras: pequeñas ideas que luego evolucionaron en historias enormes.

Al final, elegir qué leer es un acto personal y sencillo. Y una lista de «querer leer» se vuelve a una lista de «libros pendientes».

Excusas

“Las excusas son olas que pueden ser superadas; atrévete a remar y descubrirás tu inmensa fuerza.”