Penan las ánimas en Iquique http://bit.ly/14WPr1r – La tradición chilena tiene bien arraigado el culto a las animitas. La población iquiqueña no es ajena a esta práctica. Es una manera de honrar a las personas que han muerto en forma trágica y que con el paso de los años se vuelven una especie de intermediario entre el creyente y Dios.
El sociólogo Bernardo Guerrero se ha dedicado a estudiar y catalogar las animita repartidas en toda la ciudad.
Una de las más conocidas es el “Anima de la patita”. Nadie sabe el nombre de difunto. La historia se remonta a 1890 cuando el cuerpo de un hombre fue encontrado en la playa. La gente lo enterró y luego de varios días emergió uno de los pies. Lo volvieron a enterrar, pero la extremidad continuaba emergiendo a pesar de la insistencia de la gente. Poco a poco la población aceptó que el lugar era sagrado y que era posible pedir favores a esta animita. El sitio en donde estaba la ánima correspondía al Cementerio N°2, pero actualmente ahí se emplaza la población Jorge Inostrosa.
La animita del “finao González” se ubica en la intersección de Tomás Bonilla y 12 de Febrero. La historia cuenta que en ese lugar fue encontrado el cuerpo calcinado de Humberto González el 28 de julio de 1916. Su crimen causó gran conmoción en la ciudad, debido a que el asesino correspondía a una acaudalado vecino. Al parecer González tenía amoríos con la hija del patrón y debido a esto recibió un garrote en la cabeza. Ya muerto, el asesinato lo subió a una carreta, lo metió en un saco y luego lo quemó en las afueras de Iquique. La policía aclaró el homicidio y el asesino tuvo que pagar 41 mil pesos a la viuda. En noviembre de 1916, el finao González fue enterrado. Según la tradición, la animita comenzó a hacer milagros en forma inmediata.
La animita de la Kenita está ubicada en avenida Pedro Prado. El 16 de noviembre de 1987, Jacqueline Zurita Elgueta salió a las tres de la tarde junto a su hermana. En la intersección de Pedro Prado con Primera Sur se separaron y Jacqueline decidió caminar hacia su trabajo. En ese instante pasó un amigo en motocicleta y se ofreció a llevarla. Mientras se subía al vehículo, apareció un automóvil que la manejaba un conductor ebrio y embistió a la motocicleta. La joven murió instantáneamente.
Luciano Córdova fue testigo del accidente y él decidió construir una “animita” y desde ese día cuida del lugar.


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About the author

Percy Avendaño Gutiérrez is a journalist and content strategist based in Iquique. His work blends local research, strategic communication, and support for businesses seeking to connect with digital audiences. From northern Chile, he develops clear, human-centered narratives for community and private projects.

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