Para el arquitecto iquiqueño Patricio Advis las construcciones de Iquique cuenta con una identidad propia que va más allá de las influencias de ingleses y españoles en la edificación del casco antiguo de la ciudad.
“Si caminamos por las calles del casco viejo de Iquique quedaremos inevitablemente cautivados por la coherencia y por la belleza que aún presentan muchas de sus antiguas construcciones, a pesar de las demoliciones, de los incendios y del deterioro natural”.
Estima que la arquitectura de las cosas confiere a la ciudad un rostro singular y único en el contexto de todas las ciudades de Chile.
“Se ha percibido y valorado sus cualidades externas, pero aún no se la ha comprendido lo suficiente como fenómeno histórico. Lo más que conocemos es que surgió durante el período de la industria del salitre y la creencia que fue traída por los ingleses como producto cultural”.
Advis afirma que además de estas influencias, la arquitectura en Iquique fue marcada por el recurso económico, los materiales que se tenían disponibles durante el ciclo salitrero y las condiciones climáticas que influyeron en el estilo de vida de la ciudad.
Advis afirma que “surgió en la ciudad una arquitectura predial que se propuso proteger sus contornos de la incidencia directa de los rayos del sol… para conseguir una temperatura interior confortable. Levantan las cubiertas formando azoteas sobre las casas, aireadas, abiertas en toda su amplitud… desde arriba se miraban los espectáculos públicos y desfiles”.
Parte de esta descripción es una manera de reflejar la idiosincrasia de los iquiqueños y la manera de desarrollar la arquitectura local.