La costumbre de ir a la playa

Written in

por

En Artes y Letras de El Mercurio publicaron un ensayo sobre la costumbre de ir a la playa y cómo se generó la costumbre de veranear frente al mar. En un principio las ciudades estaban en el interior y las zonas costeras estaban desabitadas. Nadie bajaba a las playas.

La imagen tradicional del océano era la de algo terrible: una masa inconmensurable de agua, asimilada al caótico vestigio de las catástrofes que habían castigado a los hombres y a eventuales amenazas de cólera imprevisible. Esta imagen coincidía con los peligros y la pestilencia de la playa, considerada, a su vez, como un límite enigmático donde se depositaban los excrementos del abismo.

El interés por el mar, más allá del tema del transporte marítimo, comenzó con el tema que el agua de mar era beneficioso para la salud.

El hombre entró en la arena y el mar cuando se propagó el discurso médico que exaltaba los beneficios del agua fría, que recomendaba los baños en el mar y la estancia de reposo en la orilla. Huyendo de la putrefacción y la suciedad reinante en Londres, los elegantes buscaron el retiro de la civilización en medio de la naturaleza.

Pero una cosa era mojarse en la orilla de una manera técnica y otra era nadar y disfrutar de las horas.

La natación en esta época no era algo recreativo, sino que un verdadero combate que libraba el hombre contra el mar para evitar ser engullido por éste. Mantenerse a flote requería de ejercicios violentos. Se creía que el hombre era incapaz de flotar y que la inmovilidad era garantía segura de hundimiento.

Ya entradao el siglo XIX comenzó a desarrollarse el concepto de balneario, donde las personas iban a pasar una temporada frente al mar.

Contrariamente a lo que suele creerse, la práctica del balneario se difundió de las playas del norte hacia las de la región meridional. Entre los factores que retardaron el descenso de esta costumbre a las latitudes del sur está el culto a las aguas heladas, las temidas incursiones de piratas y bandidos y el gran temor que existía ante la insalubridad de las aguas cálidas.

Casi al final del artículo, el autor habla de lo que ahora son las playas: un espacio democrático sin muchas distinciones de clase.

Las playas son democráticas e igualitarias en espíritu. Las hay más elegantes que otras, pero por lo general en la playa la competencia social se reduce a la moda del traje de baño, de la tabla de surf y del bronceado corporal.

[Reproduciendo: bjork – big time sensuality – 08 – (4:56)]

Descubre más desde Nortino

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Etiquetas

Categorías

Nortino

Información imprescindible para la vida de hoy