Seguridad en jardines infantiles

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La inseguridad ciudadana ha llegado hasta los jardines infantiles. Ya es común ver en forma recurrente titulares que indican el desvalijamiento de algunos de estos establecimientos e incluso el robo de los alimentos y los útiles escolares.
Esta situación se repite en Iquique y Alto Hospicio. Sólo como ejemplo podemos mencionar el caso del Jardín Infantil Dragoncito, que en agosto del año pasado sufrió un robo de mercaderías que provocó que 80 niños y niñas se quedaran sin alimentación. Más impactante es aún el caso del jardín infantil Florcitas del Desierto, quien ha sufrido en los últimos años 44 robos, quedando la mayoría en total impunidad.
En Alto Hospicio, la situación es la misma. La diferencia, al parecer, radica en que los padres de los niños y la administración han tomado medidas de seguridad para evitar los constantes robos que sufren por parte de delincuentes.
En muchos casos, la ocurrencia de estos delitos radican principalmente en la mala ubicación de los jardines, que por lo general están instalados en cercanías de sitios eriazos o edificios abandonados o amplios que espacios que permiten el movimiento de personas sin un control.
Otra razón radica en las deficiencias en el cierre perimetral o el tipo de construcción que son levantadas para guarnecer a menores y no evitar que terceras personas ingresen al interior.
La solución pasa por una mayor presencia policial en las zonas de los jardines y también que los sostenedores mejoren la infraestructura de puertas, rejas y ventanas.
Hay que entender que un jardín infantil es un lugar donde los párvulos van a aprender y a recibir atención, no son fortalezas para evitar la acción de vándalos.
Al parecer la clave radica en la cooperación de la comunidad y que se denuncien los hechos cuando están ocurriendo. La mayoría de los robos o daños a los jardines ocurren durante los fines de semana o durante el período de receso. En estos lapsos los antisociales tienen todo el tiempo del mundo para actuar. Sin embargo, los delincuentes no pueden robar sin que alguien los vea saliendo con el botín o que el sonido producido por los desmanes no sea escuchado por un vecino o un transeúntes.
Ante esta situación falta mayor compromiso de las personas para denunciar estos hechos. Hay que entender que los jardines infantiles son la primera instancia de educación que tienen los estudiantes.


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